Autora: Shel Silvertein. Editorial: Kalandraka.

Ni el perro, ni el gato, ni el canario, ni los peces son ya la mascota ideal, sino un orondo rinoceronte, cuya presencia en el hogar aportaría múltiples ventajas (y algunos inconvenientes que el autor pasa por alto con generosa indulgencia).

“¿Quién compra un rinoceronte?” es un clásico de 1964 que, con una propuesta estética muy sencilla a base de dibujos sin colorear, sorprende y cautiva por su sentido del humor, su frescura y la habilidad de Shel Silverstein para plantear argumentos divertidos y disparatados bajo una aparente seriedad. Ni el perro, ni el gato, ni el canario, ni los peces son ya la mascota ideal, sino un orondo rinoceronte, cuya presencia en el hogar aportaría múltiples ventajas (y algunos inconvenientes que el autor pasa por alto con generosa indulgencia). Destaca la traducción de Miguel Azaola que, respetando la rima de la versión original, no solo reinterpreta con ingenio el texto de Silverstein, sino que además mantiene la estructura en verso.

Así, entre los rocambolescos y poderosos alicientes para poner un rinoceronte en nuestra vida, los hay prácticos, como perchero, portalámparas o abrelatas; también hay razones lúdicas, como compañero de bromas y juegos; e incluso su valor disuasivo frente a castigos y reprimendas.

¿Quién compra un rinoceronte?

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¿Quién compra un rinoceronte? $34.000

Autora: Shel Silvertein. Editorial: Kalandraka.

Ni el perro, ni el gato, ni el canario, ni los peces son ya la mascota ideal, sino un orondo rinoceronte, cuya presencia en el hogar aportaría múltiples ventajas (y algunos inconvenientes que el autor pasa por alto con generosa indulgencia).

“¿Quién compra un rinoceronte?” es un clásico de 1964 que, con una propuesta estética muy sencilla a base de dibujos sin colorear, sorprende y cautiva por su sentido del humor, su frescura y la habilidad de Shel Silverstein para plantear argumentos divertidos y disparatados bajo una aparente seriedad. Ni el perro, ni el gato, ni el canario, ni los peces son ya la mascota ideal, sino un orondo rinoceronte, cuya presencia en el hogar aportaría múltiples ventajas (y algunos inconvenientes que el autor pasa por alto con generosa indulgencia). Destaca la traducción de Miguel Azaola que, respetando la rima de la versión original, no solo reinterpreta con ingenio el texto de Silverstein, sino que además mantiene la estructura en verso.

Así, entre los rocambolescos y poderosos alicientes para poner un rinoceronte en nuestra vida, los hay prácticos, como perchero, portalámparas o abrelatas; también hay razones lúdicas, como compañero de bromas y juegos; e incluso su valor disuasivo frente a castigos y reprimendas.